MOROSIDAD

La muerte del procedimiento monitorio: ventajas de un MASC

Desde 2025 ya no basta con tener razón para demandar: primero hay que intentarlo por otra vía. Esto es lo que exige la ley y cómo cumplirlo sin errores que te cierren la puerta del juzgado.

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¿Ha muerto el monitorio? Por qué los MASC lo han dejado sin sentido | Globalway Abogado

Ventajas de un MASC frente a un monitorio

Desde 2025 ya no basta con tener razón para demandar: primero hay que intentarlo por otra vía. Esto es lo que exige la ley y cómo cumplirlo sin errores que te cierren la puerta del juzgado.

Qué es el MASC y desde cuándo es obligatorio

Los MASC (Medios Adecuados de Solución de Controversias) son, según la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia, toda actividad negociadora a la que las partes acuden de buena fe para resolver un conflicto sin llegar a juicio: negociación entre abogados, mediación, conciliación u otros mecanismos similares.

Desde el 3 de abril de 2025, acudir a un MASC antes de demandar es requisito de procedibilidad (art. 5.1 LO 1/2025): si no lo acreditas, el juzgado puede inadmitir la demanda directamente.

Cuándo es obligatorio

El artículo 5.2 LO 1/2025 lo exige en los procesos declarativos del Libro II de la LEC (juicio ordinario y juicio verbal) y en los procesos especiales del Libro IV — es decir, la inmensa mayoría de los asuntos civiles y mercantiles: reclamaciones de cantidad, contratos, arrendamientos, propiedad horizontal, buena parte del derecho de familia.

El proceso monitorio nació como la gran vía rápida para la reclamación judicial de deudas dinerarias líquidas, determinadas y vencidas. Durante décadas ha sido el recurso automático de empresas y despachos para el cobro de facturas impagadas. Sin embargo, tras la entrada en vigor de los Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC) como requisito de procedibilidad, la realidad procesal ha cambiado de forma radical: iniciar un monitorio tras agotar un MASC ha dejado de tener cualquier sentido estratégico y operativo.

Comprender esta nueva dinámica es básico para cualquier empresa o autónomo que busque optimizar su tesorería sin perder meses en trámites judiciales redundantes.

La trampa histórica del procedimiento monitorio

Hasta ahora, presentar una petición inicial de monitorio ante el juzgado abría cuatro posibles escenarios para el acreedor:

  1. Que el deudor no contestara ni pagara: Permitía dictar decreto de terminación y despachar ejecución directa sobre su patrimonio.
  2. Que el deudor se opusiera alegando que no debía la cantidad: El monitorio se cerraba de inmediato y obligaba a transformar la reclamación en un juicio verbal o declarativo ordinario, perdiendo meses de trámite inicial.
  3. Que el deudor reconociera la deuda y pagara de inmediato: El escenario ideal, pero estadísticamente casi inexistente en la práctica litigiosa.
  4. Que el juzgado no localizara al deudor en su domicilio: El gran talón de Aquiles del monitorio. La ley prohíbe taxativamente la notificación edictal (por estrados) en este cauce ordinario, lo que obligaba al archivo directo del expediente y devolvía al acreedor a la casilla de salida.

MASC: ¿eficiencia en 30 días?

La fase prejudicial del MASC no solo es obligatoria para acceder a los tribunales, sino que reproduce con ventaja las mismas salidas útiles del monitorio en apenas 30 días hábiles:

Escenario 1: El deudor no contesta. Se tiene por intentado el acuerdo de mala fe o con pasividad procesal. Queda expedita la vía del juicio declarativo directo, blindando la posición del acreedor para una condena en costas por temeridad de la contraparte.

Escenario 2: Se alcanza un acuerdo. El pacto se formaliza en transacción judicial o escritura pública notarial, adquiriendo fuerza ejecutiva inmediata exactamente igual que un título judicial terminado. Si incumple, se embarga directamente.

Escenario 3: No se alcanza acuerdo (oposición frontal). El deudor se niega a pagar o discute el fondo del asunto. El desacuerdo queda formalizado en un mes.

Por qué el MASC supera al monitorio y desaconseja duplicarlo

Acudir a un monitorio tras haber agotado un MASC carece de lógica práctica por dos razones estructurales:

Eliminación de la redundancia procesal: Si durante los 30 días del MASC el deudor ya ha rechazado pagar o ha ignorado el requerimiento, acudir después al juzgado a pedir un monitorio es regalarle 20 días hábiles extra para que vuelva a oponerse o a ganar tiempo. Tras un MASC fallido, lo procedente y eficaz es interponer directamente la demanda declarativa (verbal u ordinaria) correspondiente.

Ventaja radical en la notificación: Mientras el monitorio encallaba y moría ante la imposibilidad de hallar físicamente al deudor en su sede o domicilio registrado, el MASC flexibiliza los canales de comunicación fehaciente válidos y no queda paralizado por la rigidez del requerimiento presencial judicial. Si el deudor esquiva la notificación válida, se certifica el intento y se acude a la vía judicial donde sí opera la citación edictal en juicio declarativo.

El nuevo escenario exige abandonar el reflejo automático de interponer monitorios masivos. Conducir a un acuerdo con un letrado desde la fase MASC en cuestión de meses o saltar directamente a la demanda definitiva.

¿Tienes que reclamar una deuda o afrontar un conflicto contractual y no sabes por dónde empezar con el MASC? En Globalway Abogados lo planteamos bien desde el primer día, para que sirva de verdad — no solo para cumplir el trámite. Cuéntanos tu caso.

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